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14/12/2015 • Radiodiagnóstico, Ginecología

¿Cuál es la diferencia entre una mamografía y una ecografía de mama?

La mayoría de las mujeres sabe que a partir de una determinada edad es muy importante realizarse revisiones periódicas de mama. La prevención siempre juega un papel destacado, pero hay enfermedades es las que detectar a tiempo la existencia de células cancerígenas y poner un rápido tratamiento cambia por completo la evolución de las mismas. Esto ocurre, por ejemplo, en el caso del cáncer de mama.

Además de la exploración que los ginecólogos realizan en consulta, también son fundamentales las pruebas diagnósticas como método de cribado, para conocer si todo está en perfectas condiciones o hay que alertarse por algún motivo. Las más comunes son la ecografía de mama y la mamografía. Pero ¿Se conoce la diferencia entre ambas?

¿En qué consiste la mamografía? 

Cada una tiene sus peculiaridades. La más utilizada para la detección precoz del cáncer de mama es la mamografía, tanto para mujeres asintomáticas como para aquellas que presentan bultos, secreción del pezón o hundimiento del mismo. Se trata de una técnica que, mediante una mínima radiación, muestra imágenes del interior de los senos de la mujer. Es tan eficaz que puede mostrar cambios en la mama mucho antes de que el médico o la paciente lo noten.

Aunque el protocolo en la sanidad pública habla de comenzar a realizarse las mamografías a partir de los 50 años, es recomendable que desde los 40 las mujeres se hagan este examen cada año. Obviamente, en mujeres con antecedentes de cáncer de mama o de ovarios hay que comenzar antes de esa edad a realizarse prueba de cribado.

El mejor momento para hacerse una mamografía es una semana después de haber tenido el periodo. De esta forma se evitan los días en los que los senos están más hinchados y sensibles. También es importante llevar las pruebas realizadas en años anteriores, para que el radiólogo pueda comparar si la mama ha sufrido alguna variación.

¿Cómo se realiza una mamografía? 

Esta prueba, que se hace de forma ambulatoria, es un poco molesta para la mayoría de las mujeres. Durante la misma el médico o el técnico en rayos coloca la mama en la unidad de mamografía y la comprime de manera gradual. De esta forma se consigue que todos los tejidos se vean, alargándolos para que no quede ninguna zona oculta. Además, el hecho de que la mama permanezca firme e inmóvil hace que la imagen se vea más nítida.

Los datos son muy positivos. Las mamografías evitan el 30% de los fallecimientos por cáncer de mama, ya que permiten al médico ver pequeños tumores y poner un rápido tratamiento. Hace años se guardaban las imágenes de rayos X impresas, pero ahora en la mayoría de hospitales o centros médicos se funciona con archivos digitales, facilitando la comparativa con pruebas anteriores. No obstante hay que saber que no todos los cánceres de mama se ven en una mamografía.

¿En qué consiste una ecografía de mama? 

La ecografía de mama es una prueba que examina los senos mediante ultrasonidos. A través de un pequeño aparato, denominado transductor, el médico puede ver la imagen de las mamas de la paciente. Por sí sola, esta prueba no suele mandarse como test para la detección del cáncer, sino como complemento. No obstante en mujeres con mamas densas, con menos tejido adiposo, la inclusión de una ecografía en el protocolo mejora la detección de esta enfermedad.

Se trata de una prueba indolora que no necesita ninguna preparación, aunque se suele recomendar no utilizar ninguna loción hidratante en la zona ni desodorante. Este examen es muy eficaz para encontrar pequeños tumores que aún no se han extendido a los ganglios linfáticos. Permite distinguir entre una masa sólida y un quiste y ayuda a encontrar un tumor cuando el pezón produce secreciones transparentes o con sangre. También es un método que se utiliza en el caso de ser necesaria la realización de una biopsia de mama, funcionando como una guía.

En función de la edad, el ginecólogo suele mandar una u otra. Para mujeres con menos de 40 años se utiliza este estudio, puesto que las mamas son más densas. De hecho, la mayoría de los bultos mamarios en mujeres jóvenes son quistes benignos o tejido glandular normal que aparece amontonado. Los senos de las mujeres de más edad tienen más grasa y son más fáciles de evaluar a través de una mamografía.

La importancia de la autoexploración 

Estas dos pruebas son fundamentales a la hora de una detección precoz, pero también es muy importante que las mujeres sepan autoexplorarse. Cada mes es importante mirarse en el espejo unos minutos y comprobar si las mamas han cambiado de tamaño, forma o color o si presentan algún tipo de deformidad. Hay que hacerlo con los brazos en reposo y también con ellos levantados. Después hay que tumbarse y palparse cada mama con la mano contraria y extendida y con las yemas de los dedos, de una forma firme y suave. El movimiento debe ser pequeño y circular. Asimismo hay que hacerlo de arriba abajo y de izquierda a derecha, desde la clavícula hasta la parte superior del abdomen y desde la axila al escote. También es importante realizarse la exploración sentada o de pie.

Si al hacerse la autoexploración nota algo diferente en sus mamas, no espere y pida cita con el ginecólogo para que estudie su caso en profundidad.
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