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19/07/2016 • Alergología, Neumología, asma

Cómo se interpreta una espirometría

La espirometría es una prueba diagnóstica que sirve para conocer si los pulmones de una persona están funcionando de manera correcta. Los médicos la utilizan para diagnosticar las enfermedades que afectan a estos órganos y dificultan la respiración, como el asma o la fibrosis quística. Además, en personas a las que les falta a menudo el aire, tienen tos constante o presentan silibancias es un test muy útil, que ayuda a conocer las causas de estos síntomas.  En ocasiones también se prescribe antes de una cirugía, para saber en qué estado se encuentran los pulmones de alguien que se va a someter a una intervención quirúrgica.

La prueba consiste en la realización de un movimiento espiratorio completo, partiendo de una posición de máxima inspiración, en la que se utiliza toda la capacidad pulmonar, y terminando en una de espiración, en la que sólo queda aire residual. Es importante que a la hora de afrontar la prueba la persona la haga con la mayor fuerza y rapidez posible. Se trata de un examen que suelen realizar los alergólogos o los neumólogos.

En general la espirtometría se tolera bastante bien, aunque está contraindicada en determinados pacientes, como quienes han padecido recientemente un neumotórax,  desprendimiento agudo de retina, infarto de miocardio, aneurisma de la aorta torácica o niños menores de 6 años, entre otros.

Se lleva a cabo para diagnosticar determinadas enfermedades como la EPOC, o para evaluar síntomas como los pitos o la tos. También mide la evolución de una enfermedad existente sobre la función pulmonar. Asimismo se realiza en la mayoría de revisiones médicas que realizan las empresas a sus trabajadores, para evaluar discapacidades y para controlar a las personas que se encuentran en exposición constante a sustancias nocivas.

Interpretación de resultados

Cuando el valor obtenido del máximo volumen exhalado (FVC o CFV) es igual o  mayor del 80% del valor de referencia se considera normal. De igual forma, si el volumen de aire expulsado durante el primer segundo en el que se realiza la espirometría forzada (FEV1 o VEMS) es igual o superior al 80% del valor de referencia, es igualmente normal. Teniendo estos dos valores, lo más importante es relacionarlos para conocer si existe obstrucción. Esta relación debe ser mayor del 70% para que todo esté correcto.

No debe de confundirse con el índice de Tiffeneau, que es el cociente entre el FEV1 y la capacidad vital lenta (VC) o volumen máximo de aire exhalado en una maniobra espiratoria no forzada iniciada tras una maniobra de inspiración máxima.

Cuando una persona tiene que realizarse una espirometría forzada se recomienda que no utilice ninguna medicación inhalada durante las 24 horas previas, a excepción de los corticoides, que sí se pueden tomar. Asimismo debe abstenerse de fumar 4 horas antes y no tomar café ni realizar ejercicio una hora antes.

En ocasiones, después de una espirometría forzada se administra al paciente una sustancia broncodilatadora para explorar la función respiratoria.  Los más usados son los agonistas beta 2 (dosis bajas de salbutamol o terbutalina). Este examen se denomina prueba broncodilatadora. Un resultado positivo puede indicar que hay hiperreactividad bronquial inespecífica, facilitando el diagnóstico del asma bronquial o la EPOC.

Si necesitas realizarte una espirometría acude a consulta de alergología o consulta de neumología y explícale al médico tu caso particular. 

 

Alergología Neumología asma

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